Los primeros indicios de tratamientos con agujas para
combatir enfermedades fueron encontradas por arqueólogos, en
China, en documentos escritos sobre huesos de animales. Según
parece, hace miles de años se utilizaban con fines terapéuticos
instrumentos puntiagudos y afilados de madera, hueso y piedra y, más
tarde, de metal, lo que condujo progresivamente a un uso sistemático.
En los comienzos de nuestra era, la acupuntura en China era un método
de tratamiento impregnado de la gran sabiduría de los antiguos
médicos chinos. En la actualidad, la acupuntura sigue asombrando
por sus resultados. Hoy en día sabemos que el pinchazo preciso
de la aguja en las partes del cuerpo en cuestión (los puntos
de acupuntura) afecta a nervios muy finos, que provocan un estímulo
de la médula espinal y de una zona correspondiente en el cerebro.
De esta forma se puede mitigar ya en la médula espinal la transmisión
de la sensación de dolor.
El término de “acupuntura” es de origen occidental. Proviene de la combinación de las palabras “acus” (aguja) y “pungere” (pinchar). En el idioma chino, se denomina a este método, “Zhen Jiu” (en japonés, shinkyu), que significa “pinchar y quemar”. La acupuntura clásica no sólo consiste, por tanto, en el estímulo de determinadas zonas cutáneas con las agujas de acupuntura, sino también en el tratamiento con calor quemando plantas medicinales (sobre todo artemisa) en dichos puntos. Este método se conoce en occidente con el nombre de moxibustión (de mogusa, nombre japonés de la artemisa).
La acupuntura, originaria de China, ha alcanzado en Japón
un desarrollo y un refinamiento propios que la distinguen considerablemente
de la china. Mi experiencia profesional me ha llevado al convencimiento
de que las técnicas japonesas de acupuntura y moxibustión
son las más adecuadas para nosotros occidentales.
La acupuntura clásica japonesa se caracteriza sobre todo por su refinamiento técnico: el uso de agujas mucho más finas, que permiten un pinchazo sin dolor.
Está demostrado que, como reacción al pinchazo de la aguja,
el organismo libera sustancias transmisoras específicas y que por
esta razón el estímulo mínimo de la aguja actúa
ya como calmante y regulador del sistema vegetativo. Por esta vía,
los trastornos funcionales de los órganos y los del sistema nervioso,
en particular los del sistema vegetativo, así como los problemas de
circulación
y los dolores crónicos pueden ser mejorados. Gracias a la acupuntura,
no sólo se aprecian en el paciente mejorías físicas
sino que también es frecuente un cambio anímico. En general,
el tratamiento constitucional de acupuntura, tal y como yo lo practico,
está dirigido
a cada paciente en su globalidad y beneficia sobre todo a aquellos
pacientes que tienen que soportar tensiones continuas y que, como consecuencia,
padecen molestias que habitualmente son tratadas con tranquilizantes,
antidepresivos o sedantes. Incluso en pacientes que han sido tratados
sin éxito
con una extensa gama de terapias se obtienen mejorías inesperadas.
Quiero hacer resaltar, además, otro resultado nada desdeñable
de la acupuntura: su función de terapia complementaria de la medicina
convencional en el caso de las enfermedades cancerígenas. También
es cierto que hay personas que apenas reaccionan a la acupuntura.
Esta falta de reacción,
que puede deberse a intoxicación por medicamentos o a un foco de infección,
suele manifestarse ya tras las primeras sesiones de acupuntura.
La técnica japonesa de moxibustión también se ha perfeccionado en comparación con la china. Utiliza cantidades mínimas de filamentos o granitos de una hierba medicinal muy pura (Artemisa vulgaris) que calienta directamente sobre la piel
o sobre la cabeza de la aguja de acupuntura para relajar los músculos;
se trata de una termoterapia más sutil. Esta forma de terapia complementaria
tiene funciones similares a las de la acupuntura, pero se utiliza sobre todo
para tratar el dolor y aumentar las defensas.
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