depuración

La eliminación de las toxinas que se acumulan en el cuerpo era ya, en tiempos de Hipócrates, una de las medidas terapéuticas más importantes. Se conoce también con el nombre de terapia humoral. El objetivo de los "métodos de depuración" es el de recuperar la salud por medio de la expulsión de impurezas a través del intestino, los riñones, el hígado, los pulmones o la piel.

Ventosas y sangría

En la antigüedad, los médicos practicaban la extracción sanguínea con buenos resultados. Sus efectos antiinflamatorios, calmantes y antiespasmódicos se conocían ya antes de nuestra era. Sin embargo, médicos farsantes y charlatanes desacreditaron su uso. Por esta razón, la medicina convencional actual la considera como un método anticuado y rechaza su práctica. Sin embargo, pruebas recientes han demostrado la capacidad de estos tratamientos para mejorar la fluidez de la sangre (viscosidad sanguínea) y, gracias a ello, la microcirculación.

En un gran número de enfermedades, como la arteriosclerosis, la diabetes, los trastornos reumáticos, los del metabolismo y los dolores crónicos, el flujo sanguíneo a través de los finos vasos capilares está reducido o congestionado. En casos extremos se produce una obliteración vascular por causa de coágulos (trombos) y aumenta el peligro de embolia. Si se practica una extracción sanguínea en estas situaciones, se puede eliminar la congestión sanguínea a través de una dilución local o general de la sangre, intervención que con frecuencia produce una reducción inmediata del dolor. La dilución de la sangre se debe a que los vasos sanguíneos absorben líquido de los tejidos contiguos, cuyo efecto es la reducción de la concentración de la sangre en los vasos. De este modo se provoca una reacción en cadena muy beneficiosa: la dilución de la sangre produce una mayor fluidez, ésta mejora el consumo de oxígeno, las sustancias de desecho son eliminadas con mayor rapidez y las células viejas son sustituidas por otras nuevas (regeneración); los procesos de inflamación se restablecen completamente y el sistema inmunitario es reactivado. En la terminología médica, esto se denomina mejoría de la capacidad reológica de la sangre. Gracias a la dilución se consigue que los glóbulos sanguíneos no se adhieran ni se aglutinen. La medicina convencional también utiliza métodos para mejorar la circulación, la llamada hemodilución, cuyo objetivo es reducir componentes de las células en la sangre sin que su volumen baje.

Según la situación o indicación se utilizan:

  • Sangría mayor
  • Sangría menor
  • Microsangría
  • Tratamiento con ventosas sangrientas
  • Tratamiento con ventosas no sangrientas

Sangría mayor

Este método puede ser utilizado en pacientes en "estado de exceso", los obesos, los hipertensos, los que presentan un aspecto de plétora.

En el caso de los enfermos de hemocromatosis, esta terapia, aplicada con regularidad, es la única forma de evitar problemas orgánicos.

El hematocrito, un valor para medir la concentración sanguínea, es un criterio importante a la hora de decidir una intervención de sangría mayor. En los casos de hematocrito superior al 44% en los hombres y al 40% en las mujeres puede ser llevada a cabo una sangría mayor.

La técnica: durante una sesión se extraen entre 350 y 400 ml. de sangre de una vena gruesa de la flexura del codo, zona anatómica denominada también sangría: evidentemente existió en España una tradición médica en relación con la práctica de la sangría. Según el resultado de la determinación del hematocrito se decide la frecuencia del tratamiento.

Sangría menor

Este método, por el contrario, se utiliza sobre todo con pacientes en estado de debilidad. A través de su efecto de favorecer la curación espontánea, impulsa al organismo a movilizar energía y a activar el propio sistema de defensas. Sobre todo en enfermedades crónicas o en las de repetición de los trastornos, como por ejemplo en el caso de las jaquecas, pueden ser eliminadas las congestiones localizadas de sangre y fomentada la microcirculación de la zona afectada. Otros casos a tratar son los de varices, hemorroides e hipotensión.

La técnica: durante una sesión se extraen entre 50 y 150 ml. de sangre de la flexura del codo o directamente de una de las varices.

Microsangría

Con esta forma de terapia se trata sobre todo la hemostasis local en zonas periféricas. Es frecuente encontrar en las extremidades venas congestionadas superficialmente, las llamadas ‘varices estrelladas'. Para la acupuntura estas venas visibles a lo largo de los meridianos significan un estancamiento de sangre y en casos de dolor se ejecuta una microsangría.

La técnica: tras la desinfección de la zona que va a ser tratada, se practica una incisión superficial con una lanceta en una o más venas menores. La mayoría de las veces aparece inmediatamente una gota gruesa de sangre oscura, que es ayudada presionándose con dos dedos hasta que el color se convierta en rojo claro. Para terminar se procede a una cura de la herida.

Tratamiento con ventosas

Con este tratamiento es posible aliviar localmente el dolor y, además, influir en la función de los órganos internos. Esta técnica puede ser utilizada como método depurativo para descongestionar el organismo o para estimularlo.

Distinguimos el método sangriento del que no lo es. El tratamiento sangriento con ventosas se parece a la microsangría, diferenciándose de éste en el hecho de que la incisión se realiza en determinadas zonas de la piel en lugar de en venas visibles de la superficie. Estas zonas se encuentran preferentemente en la espalda y se reconocen al tacto como endurecimientos dolorosos del tejido. Con frecuencia es posible eliminar de golpe dolores agudos de cabeza, hombros y cuello así como los de espalda.

El efecto del tratamiento sangriento con ventosas se debe a que:

  • mejora la microcirculación al eliminar congestiones sanguíneas y linfáticas locales,
  • reduce la tensión de las paredes vasculares,
  • realiza un drenaje de los edemas locales y de las sustancias que provocan el dolor en las zonas inflamadas
  • mejora el metabolismo de la zona afectada,
  • estimula notablemente los receptores de la piel con la consiguiente relajación de los músculos y reducción del dolor.

En el caso del tratamiento no sangriento con ventosas, se colocan las ventosas sin incisión previa sobre la zona afectada; no se produce entonces una extracción de sangre sino sólo una extravasación de glóbulos sanguíneos desde los vasos capilares intactos de la zona de tejido afectada.

Este tratamiento tiene además como consecuencia un aumento de la circulación en la zona afectada, se trata de una hiperemia forzada, y una mejoría del metabolismo de la piel, del tejido subcutáneo y de los tejidos de las capas profundas. Se activa el sistema inmunitario y se estimulan los procesos de absorción, los cuales favorecen la eliminación de sustancias de desecho y de productos del catabolismo. El resultado es, con frecuencia, una estimulación del sistema nervioso vegetativo a través de los receptores neurovegetativos de la piel. Del mismo modo pueden ser influidas las funciones de los órganos internos a través de la estimulación de reflejos segmentales con ayuda de las ventosas. A través de los llamados ‘reflejos cutiviscerales', los órganos internos están comunicados con sus respectivas zonas cutáneas por medio de la zona de conexión del tálamo de la médula espinal. Por otra parte, los trastornos de los órganos internos pueden provocar cambios visibles y palpables en las zonas cutáneas correspondientes permitiendo emitir un diagnóstico sobre el trastorno del órgano afectado.

La técnica: Se necesitan ventosas, que son objetos de cristal con forma de globo, de diferentes tamaños y con una apertura que varía entre los 3 y los 6 cm. Se introduce en ellos un trocito de algodón empapado en alcohol, se le prende fuego e inmediatamente después se coloca la ventosa sobre la zona de piel a tratar, haciéndose un vacío en el interior de la ventosa que la adhiere a la piel. En el caso de la ventosa sangrienta, se realizan antes en la piel, con una minilanceta, varias punciones superficiales de 1 a 2 mm . de profundidad. Es muy frecuente que, a causa de la congestión, la zona comience a sangrar antes de ser colocadas las ventosas. No es raro que las ventosas, antes de ser retiradas, se llenen hasta la mitad o más de sangre venosa oscura. En estos casos los efectos son similares a los de una sangría menor.

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depuración

La eliminación de las toxinas que se acumulan en el cuerpo era ya, en tiempos de Hipócrates, una de las medidas terapéuticas más importantes. Se conoce también con el nombre de terapia humoral. El objetivo de los "métodos de depuración" es el de recuperar la salud por medio de la expulsión de impurezas a través del intestino, los riñones, el hígado, los pulmones o la piel.

Ventosas y sangría

En la antigüedad, los médicos practicaban la extracción sanguínea con buenos resultados. Sus efectos antiinflamatorios, calmantes y antiespasmódicos se conocían ya antes de nuestra era. Sin embargo, médicos farsantes y charlatanes desacreditaron su uso. Por esta razón, la medicina convencional actual la considera como un método anticuado y rechaza su práctica. Sin embargo, pruebas recientes han demostrado la capacidad de estos tratamientos para mejorar la fluidez de la sangre (viscosidad sanguínea) y, gracias a ello, la microcirculación.

En un gran número de enfermedades, como la arteriosclerosis, la diabetes, los trastornos reumáticos, los del metabolismo y los dolores crónicos, el flujo sanguíneo a través de los finos vasos capilares está reducido o congestionado. En casos extremos se produce una obliteración vascular por causa de coágulos (trombos) y aumenta el peligro de embolia. Si se practica una extracción sanguínea en estas situaciones, se puede eliminar la congestión sanguínea a través de una dilución local o general de la sangre, intervención que con frecuencia produce una reducción inmediata del dolor. La dilución de la sangre se debe a que los vasos sanguíneos absorben líquido de los tejidos contiguos, cuyo efecto es la reducción de la concentración de la sangre en los vasos. De este modo se provoca una reacción en cadena muy beneficiosa: la dilución de la sangre produce una mayor fluidez, ésta mejora el consumo de oxígeno, las sustancias de desecho son eliminadas con mayor rapidez y las células viejas son sustituidas por otras nuevas (regeneración); los procesos de inflamación se restablecen completamente y el sistema inmunitario es reactivado. En la terminología médica, esto se denomina mejoría de la capacidad reológica de la sangre. Gracias a la dilución se consigue que los glóbulos sanguíneos no se adhieran ni se aglutinen. La medicina convencional también utiliza métodos para mejorar la circulación, la llamada hemodilución, cuyo objetivo es reducir componentes de las células en la sangre sin que su volumen baje.

Según la situación o indicación se utilizan:

  • Sangría mayor
  • Sangría menor
  • Microsangría
  • Tratamiento con ventosas sangrientas
  • Tratamiento con ventosas no sangrientas

Sangría mayor

Este método puede ser utilizado en pacientes en "estado de exceso", los obesos, los hipertensos, los que presentan un aspecto de plétora.

En el caso de los enfermos de hemocromatosis, esta terapia, aplicada con regularidad, es la única forma de evitar problemas orgánicos.

El hematocrito, un valor para medir la concentración sanguínea, es un criterio importante a la hora de decidir una intervención de sangría mayor. En los casos de hematocrito superior al 44% en los hombres y al 40% en las mujeres puede ser llevada a cabo una sangría mayor.

La técnica: durante una sesión se extraen entre 350 y 400 ml. de sangre de una vena gruesa de la flexura del codo, zona anatómica denominada también sangría: evidentemente existió en España una tradición médica en relación con la práctica de la sangría. Según el resultado de la determinación del hematocrito se decide la frecuencia del tratamiento.

Sangría menor

Este método, por el contrario, se utiliza sobre todo con pacientes en estado de debilidad. A través de su efecto de favorecer la curación espontánea, impulsa al organismo a movilizar energía y a activar el propio sistema de defensas. Sobre todo en enfermedades crónicas o en las de repetición de los trastornos, como por ejemplo en el caso de las jaquecas, pueden ser eliminadas las congestiones localizadas de sangre y fomentada la microcirculación de la zona afectada. Otros casos a tratar son los de varices, hemorroides e hipotensión.

La técnica: durante una sesión se extraen entre 50 y 150 ml. de sangre de la flexura del codo o directamente de una de las varices.

Microsangría

Con esta forma de terapia se trata sobre todo la hemostasis local en zonas periféricas. Es frecuente encontrar en las extremidades venas congestionadas superficialmente, las llamadas ‘varices estrelladas'. Para la acupuntura estas venas visibles a lo largo de los meridianos significan un estancamiento de sangre y en casos de dolor se ejecuta una microsangría.

La técnica: tras la desinfección de la zona que va a ser tratada, se practica una incisión superficial con una lanceta en una o más venas menores. La mayoría de las veces aparece inmediatamente una gota gruesa de sangre oscura, que es ayudada presionándose con dos dedos hasta que el color se convierta en rojo claro. Para terminar se procede a una cura de la herida.

Tratamiento con ventosas

Con este tratamiento es posible aliviar localmente el dolor y, además, influir en la función de los órganos internos. Esta técnica puede ser utilizada como método depurativo para descongestionar el organismo o para estimularlo.

Distinguimos el método sangriento del que no lo es. El tratamiento sangriento con ventosas se parece a la microsangría, diferenciándose de éste en el hecho de que la incisión se realiza en determinadas zonas de la piel en lugar de en venas visibles de la superficie. Estas zonas se encuentran preferentemente en la espalda y se reconocen al tacto como endurecimientos dolorosos del tejido. Con frecuencia es posible eliminar de golpe dolores agudos de cabeza, hombros y cuello así como los de espalda.

El efecto del tratamiento sangriento con ventosas se debe a que:

  • mejora la microcirculación al eliminar congestiones sanguíneas y linfáticas locales,
  • reduce la tensión de las paredes vasculares,
  • realiza un drenaje de los edemas locales y de las sustancias que provocan el dolor en las zonas inflamadas
  • mejora el metabolismo de la zona afectada,
  • estimula notablemente los receptores de la piel con la consiguiente relajación de los músculos y reducción del dolor.

En el caso del tratamiento no sangriento con ventosas, se colocan las ventosas sin incisión previa sobre la zona afectada; no se produce entonces una extracción de sangre sino sólo una extravasación de glóbulos sanguíneos desde los vasos capilares intactos de la zona de tejido afectada.

Este tratamiento tiene además como consecuencia un aumento de la circulación en la zona afectada, se trata de una hiperemia forzada, y una mejoría del metabolismo de la piel, del tejido subcutáneo y de los tejidos de las capas profundas. Se activa el sistema inmunitario y se estimulan los procesos de absorción, los cuales favorecen la eliminación de sustancias de desecho y de productos del catabolismo. El resultado es, con frecuencia, una estimulación del sistema nervioso vegetativo a través de los receptores neurovegetativos de la piel. Del mismo modo pueden ser influidas las funciones de los órganos internos a través de la estimulación de reflejos segmentales con ayuda de las ventosas. A través de los llamados ‘reflejos cutiviscerales', los órganos internos están comunicados con sus respectivas zonas cutáneas por medio de la zona de conexión del tálamo de la médula espinal. Por otra parte, los trastornos de los órganos internos pueden provocar cambios visibles y palpables en las zonas cutáneas correspondientes permitiendo emitir un diagnóstico sobre el trastorno del órgano afectado.

La técnica: Se necesitan ventosas, que son objetos de cristal con forma de globo, de diferentes tamaños y con una apertura que varía entre los 3 y los 6 cm. Se introduce en ellos un trocito de algodón empapado en alcohol, se le prende fuego e inmediatamente después se coloca la ventosa sobre la zona de piel a tratar, haciéndose un vacío en el interior de la ventosa que la adhiere a la piel. En el caso de la ventosa sangrienta, se realizan antes en la piel, con una minilanceta, varias punciones superficiales de 1 a 2 mm . de profundidad. Es muy frecuente que, a causa de la congestión, la zona comience a sangrar antes de ser colocadas las ventosas. No es raro que las ventosas, antes de ser retiradas, se llenen hasta la mitad o más de sangre venosa oscura. En estos casos los efectos son similares a los de una sangría menor.